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La Coctelera

Ineludible responsabilidad

El comunicado de prensa afirma que el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, viajó a La Habana para apoyar la fructífera negociación que la Iglesia católica ha emprendido desde hace dos meses con el régimen cubano. En cambio, las malas lenguas —que siempre son abundantes— dicen que Moratinos pretendía más bien capitalizar la excarcelación de 52 presos políticos con vistas a derogar la Política Común que la Unión Europea mantiene con la dictadura castrista.

Uno oye hablar a Moratinos de la Política Común sobre Cuba y se imagina un bloqueo implacable contra la isla, que obstaculiza su transición a la democracia o que ahoga a sus habitantes en la ciénaga de la miseria. Sin embargo, la Política Común sobre Cuba es una iniciativa que la UE aprobó por unanimidad en 1996 y que intenta promover la democratización del país, el respeto de los derechos humanos y el mejoramiento de la calidad de vida de la población cubana. Punto final.

Después de la trágica muerte de Orlando Zapata Tamayo, los hermanos Castro han aflojado su puño de hierro —es cierto— gracias a la intervención de la diplomacia vaticana. El disidente Ariel Sigler ha sido excarcelado, 18 prisioneros de conciencia han sido trasladados a cárceles más próximas a sus hogares y ahora 52 opositores van a ser liberados... a condición de que encuentren asilo en el extranjero. Pero aún queda un centenar de presos políticos entre rejas, los derechos fundamentales siguen aplastados y la democracia no acaba de desembarcar en la isla.

En este contexto, ¿tiene algún sentido eliminar la Política Común sobre Cuba? El Gobierno de Zapatero, siempre indulgente con los Castro, desearía sustituirla por un acuerdo bilateral en no se sabe qué términos; pero algunos países de la UE no están por la labor, y resulta imprescindible el acuerdo unánime de los Veintisiete para lograr el cambio. Quizá por esa razón el presidente obvió toda referencia a Cuba en el balance sobre la presidencia española de la UE que presentó el martes en el Parlamento de Estrasburgo.

España posee una ineludible responsabilidad moral sobre Cuba por los íntimos lazos históricos y culturales que unen a ambas naciones. Por eso, en vez de bailar el agua a los hermanos Castro y tratar de suavizar la política europea hacia la isla, el Gobierno español, que presume de europeísta, debería repasar el preámbulo del Tratado de Lisboa, concretamente ese párrafo en el que se recuerda "la herencia cultural, religiosa y humanista de Europa, a partir de la cual se han desarrollado los valores universales de los derechos inviolables e inalienables de la persona, así como la libertad, la democracia, la igualdad y el Estado de Derecho". Porque ésa es la esencia de Europa y ése debe ser el marco que delimite las relaciones diplomáticas con la dictadura caribeña.

Cuando la autoridad prevarica

La opinión pública no surge por arte de magia. Ese modo común y colectivo de pensar y sentir que existe en un grupo social en unas circunstancias determinadas se forma por el hecho de que un gran número de personas asume como verdadero y justo lo que algunas personalidades o grupos dotados de autoridad piensan y dicen.

Cabe suponer que el común de las gentes reconoce cierta autoridad a esas personalidades o grupos por su defensa de la verdad y del bien. Pero conviene tener en cuenta que esas personalidades o grupos pueden estar sometidos a intereses de parte —de índole económica, ideológica o política— y prevalerse de su autoridad en beneficio propio, subvirtiendo la verdad y el bien.

Así ocurre en la obra de teatro Un enemigo del pueblo, del dramaturgo noruego Henrik Ibsen. El protagonista es el doctor Tomás Stockman, fundador y médico de un balneario que constituye la principal fuente de riqueza de la ciudad donde vive. El doctor descubre que las aguas del balneario contienen sustancias en descomposición y gran cantidad de infusorios, de manera que resultan perjudiciales para la salud.

En un principio, Stockman parece contar con el favor de la opinión pública... hasta que aparece su hermano, el alcalde y presidente de la Sociedad del Balneario, Pedro Stockman, representante de la autoridad política. Podríamos pensar que el alcalde, guardián del interés de la ciudad, está contento con el descubrimiento que ha hecho su hermano y piensa tomar las medidas oportunas para reformar el balneario. Nada más lejos de la realidad. El alcalde se opone a la publicación de la noticia porque teme que se seque la principal fuente de riqueza de la ciudad y que, como consecuencia, prosperen otras estaciones balnearias.

Existe un motivo más —éste de carácter personal— por el cual Pedro Stockman es contrario a la propagación del descubrimiento: cree que le puede perjudicar en su calidad de alcalde. Según sus ideas políticas, "las iniciativas particulares deben supeditarse al interés general, o mejor dicho, a las autoridades, pues para tal fin han sido designadas".

Analizamos ahora la postura del presidente de la Sociedad de Propietarios, Aslaksen, símbolo de la autoridad económica. Este personaje se muestra inicialmente a favor de la reforma del balneario, consciente de la importancia que posee este establecimiento para el comercio local. Pero cuando se entera de que la reforma durará dos años y costará doscientas mil coronas, a pagar entre todos los contribuyentes de la ciudad, las aguas del balneario le parecen menos contaminadas, como si los detritus y los infusorios se hubieran vuelto inocuos de repente. Aslaksen cambia, pues, de opinión y tacha el descubrimiento del doctor Stockman de "fantasía" y de "falta imperdonable".

La autoridad política pretende silenciar el problema, la autoridad económica se niega a rascarse el bolsillo... y ¿la prensa? La prensa tiene la misión de ser el ojo a través del cual los ciudadanos conocen la realidad que les rodea. Además, es conocida como el "cuarto poder" dado que ejerce una enorme influencia social, equiparable a la del ejecutivo, el legislativo y el judicial.

Pues bien: en la ciudad donde se desarrolla, existe un diario, significativamente titulado La Voz del Pueblo, que dirige el periodista Hovstad. Nada más conocer la noticia de que las aguas del balneario son insalubres, Hovstad se apresta a publicarla, con el legítimo deseo de echar al alcalde y a sus adláteres del Ayuntamiento y colocar en su lugar a personas liberales.

Sin embargo, la prensa, el cuarto poder... —llámese como se quiera— también está mediatizado por intereses de parte. Al presentar a Aslaksen, omití un dato relevante que me gustaría señalar ahora: es el impresor de La Voz del Pueblo. Por tanto, si el impresor califica de "fantasía" el descubrimiento del doctor Stockman, el periodista, Hovstad, cede a su propósito de publicar la noticia y, antes al contrario, incluye en las páginas del periódico una nota en la que el alcalde "aclara" a su manera el asunto de las aguas del balneario.

Cuando los actores encargados de configurar la opinión pública prevarican, la opinión pública se corrompe porque la sociedad asume como verdaderas y justas las mentiras que convienen a las personalidades o grupos investidos de autoridad para proteger sus propios intereses.

Así sucede en el cuarto acto de la obra. La masa aclama al alcalde que oculta la contaminación de las aguas del balneario, al comerciante que se opone a contribuir a la reforma del establecimiento y al periodista que se abstiene de publicar una noticia de sumo interés, mientras que declara "enemigo del pueblo" al doctor que ha realizado una importantísimo descubrimiento para la ciudad. El mundo al revés.

Afirma el doctor Stockman al final de la obra, cuando se dispone a vivir marginado de sus conciudadanos, que "el hombre más poderoso del mundo es el que está más solo". A mi modo de ver, esta frase tiene sentido únicamente cuando la opinión pública está corrompida.

En efecto: cuando los actores llamados a crear la opinión pública se aprovechan de su autoridad para mirar por sus propios intereses, subvirtiendo el bien y la verdad, los individuos se convierten en títeres al servicio del alcalde, el comerciante o el periodista de turno. Son "plebeyos morales", en palabras del doctor Stockman, pues "opinan lo que sus superiores opinan", con lacayuna sumisión.

Por el contrario, el hombre que está solo escapa a la influencia de las personalidades o grupos que, revestidos de autoridad, moldean a su antojo la opinión pública, y es capaz de opinar con libertad. En ese sentido, tiene razón el doctor Stockman: el hombre más poderoso es el que está más solo.

PP, aborto y coherencia

El PP tiene que hacer equilibrios cada vez que se plantea el espinoso tema del aborto. Ello se debe a la existencia de dos tendencias dispares en el seno del partido: una de cariz democristiano, que no muestra reparos en alinearse con la Iglesia católica, que condena sin paliativos el aborto y que vincula la actual recesión económica a una crisis moral en Occidente; y otra más centrista, que evita identificarse con la jerarquía eclesiástica y que aborda la cuestión del aborto con una mayor cautela para no escorarse a la derecha.

La discrepancia entre las dos almas del partido afloró hace unos días. Jaime Mayor Oreja, representante del ala democristiana y candidato al Parlamento Europeo, suscribió unas declaraciones de monseñor Cañizares en las que afirmaba que el aborto es peor que la pederastia. "En el Código Penal, lo primero es la muerte de un ser humano, y lo segundo son otras cosas. Todo es repugnante; pero la relación es la que es", se justificaba Mayor Oreja. Por su parte, la dirección del PP evitó poner en relación aborto y pederastia. Así, Mariano Rajoy eludió la polémica y su número dos, María Dolores de Cospedal, se limitó a decir que el abuso de menores es "uno de los peores crímenes que se puede cometer contra una persona".

El partido se ha pronunciado a favor del mantenimiento de la ley del aborto vigente, que —según los populares— protege el derecho a la vida (consagrado en el artículo 15 de la Constitución) con algunas excepciones admitidas por el Tribunal Constitucional. Pero ¿por qué apoya ahora el PP una ley a la que se opuso en 1983? ¿No vulnera el principio del humanismo cristiano recogido en los estatutos de la organización? ¿Es partidario Mayor Oreja de recortar o abolir la ley actual? ¿Por qué no promovió una reforma legal durante los cinco años en que ocupó una cartera ministerial? Y ¿qué opina Mariano Rajoy al respecto: el aborto es una aberración que supone la muerte de un ser humano —como señala Mayor Oreja— o una práctica tolerable que se debe despenalizar en algunos supuestos? No hay respuestas para estas preguntas. La postura de los conservadores adolece de inconsistencia y suscita numerosas dudas.

El PP es la fuerza hegemónica del centro derecha en España, representa a más de diez millones de votantes y debe contar con un punto de vista claro y sólido en torno al aborto. Frente a las ocurrencias de la ministra Aído, que niega la condición humana a los fetos de trece semanas y que, en el colmo de la frivolidad, equipara el aborto con "ponerse tetas", el PP no debería encontrar dificultades para ejercer una oposición firme al proyecto de ley promovido por el Ministerio de Igualdad. El problema es que carece de un discurso único y coherente; y así, sus palabras no aportan nada al controvertido debate sobre el aborto.

La continuidad de Uribe

El mandatario que goza de una mayor popularidad en su respectivo país es el colombiano Álvaro Uribe. Desde que asumió la jefatura del Estado en el año 2002, se ha enfrentado sin tregua a la guerrilla terrorista y narcotraficante de las FARC. Ha recuperado para el control del Estado todas las regiones del país. Y ha conseguido un crecimiento económico de más del 5% anual, en buena medida gracias a la confianza que ha despertado entre los inversores internacionales. No es de extrañar, pues, que la mayoría de los colombianos quiera que siga al frente de la República más allá de las elecciones de 2010.

Pero eso no es posible desde el punto de vista legal. En un principio, el presidente sólo podía ejercer el cargo durante un único periodo de cuatro años. Se reformó la Constitución en 2006 con el objetivo de que Uribe pudiera ser reelegido una vez. Y ahora, a pocos meses de que concluya su segundo mandato, el Senado ha aprobado la convocatoria de un referéndum para modificar de nuevo la Carta Magna y permitirle, así, que se presente a las presidenciales por tercera vez consecutiva.

Introducir cambios en un texto constitucional, que es el base del ordenamiento jurídico de un país, en beneficio de una sola persona —máxime cuando no existe consenso entre todas las fuerzas políticas— resulta irresponsable y peligroso para la pervivencia de todo sistema democrático.

Por otra parte, la limitación de mandatos constituye una norma básica de higiene política: garantiza la alternancia, y conjura el caudillismo y la corrupción. No es cierto —como auguran los críticos de Uribe— que, si éste revalidara su cargo el próximo año, Colombia se asemejaría a la autoritaria Venezuela. A diferencia de lo que sucede en el régimen de Chávez, la oposición y los medios de comunicación en Bogotá pueden ejercer su labor de control al Ejecutivo sin ninguna cortapisa. De todos modos, es preferible para la salud de la democracia colombiana que se produzca un relevo en la jefatura del Estado en 2010, tal como establece la Constitución.

Cabría esgrimir en favor de la continuidad del presidente la falta de dirigentes capaces de asumir el proyecto político que él ha emprendido. Sin embargo, el propio Uribe ha admitido que Colombia cuenta con "muchos buenos líderes". Entre ellos destaca Juan Manuel Santos, que le ha acompañado en la lucha contra las FARC desde 2006. Precisamente Santos cesó como ministro de Defensa anteayer para preparar su candidatura a las presidenciales en caso de que Uribe se retire.

No resulta conveniente una reforma constitucional en Colombia porque las reglas del juego democrático tienen que prevalecer sobre los personalismos. Al término de su segundo mandato, Álvaro Uribe debe abandonar la jefatura del Estado y dejar paso a otros políticos que mantengan su acción de gobierno si así lo deciden los colombianos. Que el mandatario más popular del mundo no pueda optar a una segunda reelección mostrará la solidez institucional de la República de Colombia.

Chiste sin gracia

Esto es un grupo de militares yanquis, otro de franchutes y otro de españoles que se plantan en las costas de Somalia para combatir la piratería que se ha enseñoreado de aquellos mares.

Van los soldados yanquis y se enteran de que los piratas somalíes han asaltado un portacontenedores norteamericano y que han tomado como rehén al capitán. "No podemos tolerar un acto de piratería contra nuestro país", piensan los yanquis. Así que cogen un destructor y se acercan al buque ocupado por los bucaneros. Observan sus movimientos y, al cabo de cinco días, cuando uno de ellos está encañonando al rehén, se los cargan y liberan al capitán. El comandante en jefe de los Estados Unidos, Barack Obama, se declara "orgulloso" de la operación y advierte: "Vamos a detener el aumento de la piratería en esa región y, para ello, vamos a seguir trabajando con nuestros aliados".

Van los soldados franchutes y descubren que los piratas somalíes han secuestrado un velero de bandera gala en el que viajan dos parejas y un niño de tres años. Rápidamente se ponen en contacto con los malhechores y les proponen un acuerdo que éstos rechazan. "Ah, ¿que no queréis acuerdo? Pues si no es por las buenas, será por las malas". Seis días después del secuestro, los franchutes intervienen para rescatar a las cinco personas retenidas. En la operación, desgraciadamente fallece uno de los rehenes. Mueren también dos corsarios, y los otros tres son detenidos. El jefe de las Fuerzas Armadas francesas, Nicolas Sarkozy, sostiene la determinación de Francia "de no ceder al chantaje y de hacer fracasar la piratería". Y el ministro de Defensa, Hervé Morin, destaca la necesidad de que los tres filibusteros sean juzgados en Francia.

Van los soldados españoles y apresan, como es de ley, a siete piratas somalíes que han atacado un buque de bandera panameña y a otros tantos que han intentado abordar un barco maltés. El juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu, a instancias de la Fiscalía, ordena su ingreso en prisión provisional. Pero al día siguiente, va la Fiscalía y repara en un reciente canje de notas entre la Unión Europea y Kenia. Así pues, solicita la entrega de los corsarios a este país africano. Entonces va el juez y decide que no, que hay que dejar en libertad a los malhechores, a pesar del "absolutamente probable riesgo de fuga", pues ponerlos a disposición de Kenia vulneraría sus derechos y garantías constitucionales.

No tiene gracia el chiste, ¿verdad? Pues imagínese la gracia que les hace a los militares españoles arriesgar su vida en las aguas de Somalia para que luego la justicia suelte, por un quítame allá esas pajas, a los piratas que están poniendo en jaque la navegación internacional.

César González-Ruano: escritor en periódicos

Nunca me interesó mucho ni poco el periodismo como tal periodismo, y lo tomé como medio más que como fin, procurando desde mis primeros momentos hacer literatura en periódicos más exactamente que periodismo literario
(César González-Ruano, Memorias)


César González-Ruano y Garrastazu de la Sota nació el 22 de febrero de 1903 en Madrid, en el seno de una familia de origen cántabro. A los dieciséis años, comenzó a cursar la carrera de Derecho "sin ningún entusiasmo", pues tenía una clara vocación literaria.

Ruano es conocido hoy en día por su faceta como articulista (se calcula que escribió unas treinta mil columnas a lo largo de su vida) y como memorialista (Mi medio siglo se confiesa a medias, 1951). Sin embargo, cultivó casi todos los géneros literarios.

De hecho: comienza su carrera literaria como poeta. Su primer libro fue un poemario titulado De la locura, del pecado y de la muerte (1920). En los años inmediatamente posteriores, dio a la imprenta una decena de libros, entre los que destaca Viaducto (1925), de estilo ultraísta. Y en la década de los cuarenta, vuelve a publicar algunas obras poéticas, como Balada de Cherche-Midi (1944).

También hay que mencionar su labor como biógrafo. Escribió la vida de Julio Cejador, Eduardo Zamacois, Eugenio Noel, José María Acosta (1927), Zola (1930), Unamuno, Casanova y Baudelaire (1931), el general Sanjurjo (1932), Miguel Primo de Rivera (1935), Mata-Hari (1943), etc.

Cultivó la narrativa larga y breve. Las novelas Circe (1935) y Ni César ni nada (1951) son un ejemplo de ello. Por último, llegó a componer dos obras de teatro: La luna en las manos (que se estrenaría en 1935) y Puerto de Santa María (en 1942).

Vamos a profundizar ahora en la faceta periodística de Ruano. En 1919, el mismo año en que ingresaba en la Universidad, hizo sus primeros pinitos en el semanario La Defensa, de Sigüenza (Guadalajara). Cuando hubo terminado los estudios de Derecho en 1925, trabajó en una empresa petrolera, en una compañía de seguros y en una garita de consumos. Pero Ruano estaba llamado a las letras y, así, en 1926 se incorpora al diario La Época, que dirigía el marqués de Valdeiglesias.

Era algo así como el diario de buen tono entre la vieja sociedad que leía La Época, aunque, para enterarse un poco más de lo que ocurría en el mundo, tuviera que comprar otro diario menos distinguido, pero más informado.

Ruano desempeñó tareas menores en este periódico. Después de varios meses trabajando allí, el director le llamó un día al despacho, le felicitó por su trabajo y le entregó un billete de veinticinco pesetas...

Ese mismo día, Ruano se reunía con Miguel Fontdevila, director de El Heraldo de Madrid, para colaborar en sus páginas.

Me dijo muy claro que él quería poca literatura. Cosas del día, interviús y reportajes o artículos muy sobre la marcha de las cosas.

De su paso por El Heraldo de Madrid recuerda:

Dentro de un fabuloso desorden, todo marchaba bien, y el periódico, hecho con cuatro cuartos y unas gentes dormidas y medio borrachas, se vendía como agua entre el gran público y también era leído por los intelectuales.

Ruano entrevista en 1927 a cinco ministros del Directorio Civil. Las interviús no se publicaron en su momento por la oposición de Miguel Primo de Rivera. Hubo que esperar tres años para que vieran la luz, en el libro El momento político de España a través del reportaje y la interviú. En 1930, entrevista también a José Antonio Primo de Rivera y a Miguel de Unamuno. Según el investigador Carlos García Santa Cecilia, las entrevistas de Ruano se caracterizan por las preguntas breves, directas, incisivas, incluso impertinentes.

Por aquella temporada yo hice uno de mis mayores esfuerzos periodísticos. Interviuvaba a todo el mundo, escribía artículos, firmaba largos reportajes… ¡Y qué poco en realidad me interesaba todo aquello! Pero era el momento del esfuerzo. Había que situarse, que ganar un nombre que ya aplicaría después a otras cosas más de mi gusto, y había también que ganar dinero, puesto que vivía a cuerpo limpio sólo de mi pluma.

En abril de 1931, El Heraldo de Madrid celebró el advenimiento de la República, y Ruano también. En aquel tiempo, era un convencido liberal que luchaba por un régimen republicano. No es de extrañar, pues, que escribiera cosas tales como que la monarquía no es "mucho más que la filatelia". Sin embargo, pronto se distanciará de la República y abrazará el monarquismo.

Con motivo del lanzamiento de Baudelaire, en el verano de 1931, conoció a Juan Pujol, recién nombrado director de Informaciones, y empezó a colaborar para este rotativo.

Pujol puso en mí desde el primer momento toda su confianza y creo sinceramente que le ayudé bastante en resucitar aquel cadáver que había cogido entre las manos y que empezó a venderse bastante bien como el mejor periódico de la tarde que estaba abiertamente frente al régimen.

Ruano se ocupaba de una sección diaria de comentarios de actualidad y de una página literaria semanal. Además, escribía un artículo diario, y repasaba y seleccionaba una parte de la colaboración.

Pues bien: una de las columnas que publicó para Informaciones, concretamente la del 23 de noviembre, fue galardonada en abril de 1932 con el Premio Mariano de Cavia, que concede el diario ABC. La columna se titulaba "Señora: ¿se le ha perdido a usted un niño?" y

era un comentario a un triste suceso de la actualidad madrileña, el abandono de un niño de año y medio en plena ciudad. Es uno de los artículos más breves que he escrito en mi vida.

El Cavia le franquea las puertas de ABC. Firmó con esta cabecera un contrato de exclusividad para la prensa madrileña. No obstante, escribirá bajo seudónimo algunos artículos para Informaciones, para La Nación y para la revista Acción Española.

En 1933, el director de ABC, Juan Ignacio Luca de Tena, le mandó como corresponsal a Berlín. La primera crónica que envía desde la capital de Alemania aparece el 3 de marzo, mes en el que Hitler ganó las elecciones legislativas. La última, el 16 de agosto. En sus textos, ensalza la figura del Führer y se rinde ante el ascenso del régimen nazi. Sostiene que el nacionalsocialismo no es una ideología de derechas puesto que defiende políticas sociales, y plantea la posibilidad de una restauración imperial en Alemania.

Debía haber permanecido en Berlín un mínimo de un año, y no aguanté sino seis meses. Me comía el deseo de volver a España y de escribir mil cosas y no las de Adolf Hitler por muy importantes que éstas fueran para el mundo.

La mayoría de las crónicas que escribió en Alemania se incluyen en Seis meses con los "nazis" (Una revolución nacional), un libro que vio la luz en octubre de 1933 y que contó con la subvención del Ministerio de Propaganda nazi a través de la Embajada alemana en Madrid.

En enero de 1934, fue enviado a Marruecos para averiguar qué había de cierto en el rumor —entonces no se hablaba de "leyendas urbanas"— según el cual todavía quedaban prisioneros españoles en manos de los rifeños trece años después del desastre de Annual.

Escribí entonces unos quince artículos para ABC con lo que había encontrado; poca cosa: desertores, alemanes aventureros que vivían islamizados y algún viejo fugado del presidio de Ceuta.

Asegura Ruano que, en los años 1934 y 1935, sus artículos en ABC "iban a la cabeza de la colaboración española". Vamos a abrir un paréntesis en el desarrollo de la biografía periodística de Ruano para abordar sus ideas acerca del artículo (que también llamaba "crónica"). Seguiremos en este punto al profesor Juan Gracia Armendáriz. Ruano concibe el artículo como un género literario en el que prima el carácter estético, y el elemento informativo no es sino una excusa para la escritura. Tiene que reflejar la subjetividad del autor, debe presentar una estructura y una unidad de contenido, y ha de ser fluido.

El artículo debe partir de asuntos menudos para remontarse a la categoría. Ruano se inspiraba en las gacetillas, en los anuncios por palabras, en su situación personal, en sus recuerdos... Poseía una facilidad extraordinaria para convertir cualquier cosa en una columna, hasta el punto de que era capaz de componer cuatro o cinco en una sola mañana.

Ruano piensa que el artículo enriqueció el periódico:

La literatura, por primera vez, bajó al periódico por necesidad económica, y no queriendo renunciar a sus mensajes y a su destino, a sus derechos y esperanzas, subió el periódico casi casi hasta su altura natural. Éste es el secreto, bien poco misterioso, de una generación de cronistas, de una generación que sin precedentes era un auténtica generación de escritores en periódico, no de periodistas que hicieran algo de literatura.

En 1934, recibió amenazas de las Juventudes Socialistas por unos artículos que había publicado en ABC, Informaciones y el semanario Gracia y Justicia contra Manuel Azaña, Indalecio Prieto y otros dirigentes republicanos. Para preservar su seguridad, Falange Española le proporcionaría un guardaespaldas.

En marzo de 1936, emprende un viaje de recreo a Italia que, en principio, iba a durar tres o cuatro semanas. Como su estancia se prolongaba, el nuevo director de ABC, Luis de Galinsoga, le ofreció el puesto de corresponsal en Roma, y Ruano lo aceptó.

Estalló a las pocas semanas la Guerra Civil española.

Logré ponerme en relación con la Junta de Gobierno Nacional en Burgos y con ABC de Sevilla ofreciéndome a la disposición y mejor parecer del Movimiento y pidiendo instrucciones de qué debía de hacer y dónde me consideraban más útil.

Durante un tiempo, trabajó como agregado de prensa en la Embajada española en Roma. Además de su colaboración con ABC, escribió artículos para el periódico España, que había fundado Gregorio Corrochano en Tánger. Y en 1938, entrevistó a Mussolini, a quien califica en sus Memorias como "el hombre más importante que tuvo Italia y quizá Europa en nuestro tiempo".

ABC le manda de nuevo a Berlín a finales de 1939.

Por un lado, me gustaba la idea de ir a Alemania, pero, por otro, me fastidiaba mucho encauzarme en una vida regular y vivir, sin emoción ni libertad, de un trabajo periodístico, que sólo la miopía de las gentes y la vanidad de los compañeros podían confundir con la literatura. Aquellas letras menores que debería yo despachar a diario por el telégrafo tenían algo de empleo, de burocracia de la profesión libre, y nunca, en realidad, me entusiasmaron, porque hay que hablar de lo que pasa, y lo que pasa es precisamente lo contrario de lo que queda, y porque cada vez estoy más seguro de que lo interesante en un escritor no es que nos cuente eso de lo que pasa, sino lo que le pasa, lo que le ocurre a él. Todo lo que directamente o indirectamente no es autobiografía acaba por no ser nada.

Ruano —que se consideraba escritor en periódicos, y no periodista— se aburría redactando comentarios a las noticias de guerra y política que evacuaba el Ministerio de Propaganda. Así que abandonó la corresponsalía y se trasladó a París en octubre de 1940.

Escribí a ABC una extensa carta en la que comunicaba mis deseos de volver a Roma, diciéndoles que como sabía ocupada aquella corresponsalía, esperaría en París el tiempo que fuera necesario, manteniendo con el periódico una simple colaboración literaria. [...] Quedé echado del periódico poco más o menos que como una criada, cosa que me afectó muy poco, la verdad sea dicha.

Durante su estancia en París, no colabora para ningún medio. Lleva una vida bohemia, y se dedica sobre todo a escribir poesía y a la compraventa de antigüedades y pintura. Por todo ello, despertó las sospechas de la Gestapo, que le detuvo el 10 de junio de 1942 y le encerró dos meses y medio en la cárcel parisina de Cherche-Midi.

Abandonó Francia en septiembre de 1943 y se instaló sorprendentemente en el pueblo barcelonés de Sitges. Pronto empieza a colaborar en La Vanguardia (que dirigía su amigo Luis de Galinsoga), en la revista Destino, en Informaciones, en Madrid, en Radio Nacional, en Radio España de Barcelona, etc.

A fines del verano de 1944 me envió La Vanguardia a la frontera catalana del Pirineo para escribir unas crónicas [documento .pdf] sobre el momento interesante y dramático en que las tropas alemanas se retiraban del sur de Francia y los pueblos eran ocupados por unas confusas patrullas de "la resistencia", en su mayoría españoles rojos.

En 1947, después de pasar el verano en Vizcaya, se trasladó definitivamente a Madrid.

Mi nombre no sólo no había padecido con la ausencia, sino que, al contrario, se me recibía como a una novedad con historia, sin cansancio ni desgaste.

A finales de año, escribía una treintena de artículos mensuales para Arriba, Madrid, Fotos, La Vanguardia, El Pueblo Vasco, La Codorniz, la Agencia de la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda, Radio Nacional, etc.

En abril de 1948, deja de colaborar para Madrid y vuelve a publicar en Informaciones, recién nombrado director su amigo Francisco Lucientes. Duró seis meses en esta cabecera porque, en octubre, se incorpora a La Tarde, de Víctor de la Serna, como articulista y encargado de las colaboraciones.

Llevé a La Tarde un plantel de colaboradores excepcional en la prensa diaria española, y creo yo que bien calculado para el gusto de todos los públicos. Llamamos a nuestras páginas como colaboradores fijos y frecuentes a Camilo José Cela, Gerardo Diego, Concha Espina, Enrique Jardiel Poncela, Felipe Sassone, Pedro de Lorenzo y Gaspar Gómez de la Serna, al tiempo que hacían secciones diarias firmadas José Antonio Torreblanca, Álvaro de Laiglesia y Josefina de la Maza. [...] También aceptaron colaboración en La Tarde Rafael Sánchez Mazas, Eugenio Montes, Eduardo Aunós, Torcuato Luca de Tena, Edgar Neville y varios más.

Ruano permanece en este diario hasta mayo de 1949, poco antes de su desaparición.

1949 fue un año pródigo en galardones para Ruano. Recibió seis premios, entre ellos el Nacional de Periodismo Francisco Franco.

Un año más tarde, difunde sus memorias en El Alcázar,

periódico que más muerto que vivo tomaron entre sus manos Pepe Pizarro y Víctor de la Serna y Répide, en el momento en que salió transformado y remozado y con nuevo ornato de periódico muy a la europea, vivo y ágil.

En 1951, esas memorias aparecieron en un libro que alcanzaría un notable éxito de ventas.

En 1952, empezó a colaborar en la Revista de Barcelona y en el diario Pueblo. En esta cabecera, publicó algunos fragmentos de su diario íntimo. A finales de 1953, inició una serie de conversaciones o entrevistas de personalidad en las páginas dominicales de Arriba, que le valieron un año después el Premio Nacional de Periodismo.

Llama la atención el elevado número de colaboraciones que Ruano atendía de forma habitual. A este respecto, reconocía en 1953:

Llegado por casi mecánico proceso de escalafón a una cierta altura profesional, el escritor se encuentra normalmente, y a poco que no se cebe en él la mala fortuna, con una solicitud de colaboraciones superior a sus posibilidades creadoras. No sé con exactitud lo que les ocurrirá a otros; pero por mi parte, y aun siendo de los que más escriben, cada mes me veo en la imposibilidad de hacer un mínimo de otros quince artículos que podía haber publicado y que, por supuesto, no son, ni mucho menos, indiferentes para mi economía.

Dejó Arriba y volvió al diario ABC en 1956. Ese mismo año viajó como enviado especial a Oriente Medio, y en 1959 cubrió para Blanco y Negro la ceremonia de entrega de los Premios Nobel en Estocolmo.

Fue elegido por Pueblo "famoso del año" en 1964. Esta distinción muestra la enorme popularidad que había conseguido el periodista. Según el profesor Teodoro León Gross, "la gente desayunaba café con leche y con César González-Ruano". Por su parte, Manuel Alcántara asegura que "llegó a tener una presencia seguramente insólita en España para un escritor".

Ruano falleció en Madrid el 15 de diciembre de 1965. Ese mismo día, apareció en ABC su último artículo, "La costumbre", en el que sostenía que "morir no es sino perder la costumbre de seguir viviendo".

A pesar de que cultivó todos los géneros literarios, César González-Ruano ha pasado a la historia como un gran escritor en periódicos. Él mismo parece intuirlo en sus Memorias:

He pensado que toda mi obra podía ser muy bien un simple entrenamiento para hacer un día mi libro definitivo. Y también si mi libro definitivo no lo habré ya publicado, hoja por hoja, y sin formar un volumen en la labor diaria y de apariencia efímera.

Más información:

Como elefante en cacharrería

El azote de la crisis económica y la propagación de la gripe porcina están eclipsando una noticia de enorme trascendencia para la política española. Mañana será investido lendakari el secretario general de los socialistas vascos, Patxi López, con los votos de PSE, PP y UPyD. Así pues, terminan tres décadas de hegemonía nacionalista en el País Vasco.

López encontrará un clima político hostil cuando llegue a Ajuria Enea. En primer lugar, el PNV rechaza los resultados salidos de las urnas. No comprende que, a pesar de ser la formación política más votada en las elecciones del 1 de marzo, carece del apoyo de la mayoría parlamentaria. Y ya ha advertido que no se va a quedar de brazos cruzados en la oposición. Ha tachado el pacto PSE-PP de "agresión política" e incluso de "golpe institucional", y se ha erigido nada menos que como "el líder natural" del País Vasco.

En segundo lugar, los sindicatos nacionalistas van a recibir al nuevo Ejecutivo con la celebración, el próximo día 21, de una huelga general que no secundan ni UGT ni CC. OO. Alegan los sindicalistas que el paro [documento .pdf] pretende la "denuncia de la destrucción de empleo y del chantaje patronal, la crítica a las actuales políticas sociales y presupuestarias y la exigencia de instrumentos para abordar la crisis en Euskal Herria". Aunque se han cuidado de desvincular la huelga del cambio de signo político, resulta muy dudoso que los sindicatos nacionalistas se hubieran movilizado bajo el Gobierno amigo de Ibarretxe.

En tercer lugar, ETA ha situado en el centro de la diana a Patxi López y a sus consejeros. Sabemos, gracias a la detención de Jurdan Martitegi, que los terroristas planeaban reventar la investidura del nuevo lendakari con la colocación de una furgoneta bomba. Por si acaso, las fuerzas de seguridad han recomendado a los socialistas (también a los populares) que extremen la precaución ante un eventual atentado.

Y a todo esto, el flamante vicepresidente de Política Territorial, Manuel Chaves, afirma en una entrevista:

El Gobierno vasco no puede entrar como elefante en cacharrería en la televisión vasca y en la Ertzaintza. No es bueno ni razonable, y no ocurrirá, porque conozco a Patxi López.

A ver si lo entiendo bien... A Chaves le parece normal que el PNV deslegitime el veredicto democrático de las urnas, que los sindicatos nacionalistas convoquen una huelga general contra un Gabinete que aún no se ha constituido y que una banda terrorista amenace a los representantes de la ciudadanía vasca. Por eso, juzga Chaves, "no es bueno ni razonable" tocar la ETB ni la Ertzaintza (ni la educación, añadiría yo), instituciones que han contribuido notablemente a mantener la prolongada hegemonía nacionalista y a tolerar la barbarie etarra.

Así que, Patxi, ya lo sabes: no cambies nada, no sea que promuevas la paz y la convivencia allí donde no las ha habido nunca.

Epidemia del paro

Imagine que en un país lejano se extiende una epidemia a una velocidad incontrolada. Imagine que las autoridades de ese país se abstienen de extinguir el foco de la enfermedad y se limitan a proporcionar una cobertura sanitaria a los afectados. Imagine que la epidemia se recrudece hasta el punto de que los hospitales no dan abasto para atender a tantos enfermos y algunas personas quedan expuestas a su suerte. Ahora deje de imaginar y compare la desidia de las autoridades de ese lejano país con la disposición que muestra Zapatero para combatir el paro. ¿Encuentra alguna diferencia?

"Vamos a ganar la lucha por el empleo manteniendo y ampliando la protección social". Ésta es la única receta que plantea el presidente para atajar la epidemia del paro. Lejos de estimular la creación de puestos de trabajo, se trata de subsidiar a los desempleados hasta que amaine la tormenta económica que sacude el planeta y España enfile de nuevo la senda del crecimiento. Los resultados de esta política se revelan, por el momento, nefastos. Ha engordado desmesuradamente el déficit público y no han adelgazado las listas del INEM.

Al contrario: la Encuesta de Población Activa correspondiente al primer trimestre del año [documento .pdf] indica que más de cuatro millones de españoles quieren trabajar y no encuentran un empleo. En doce meses ha crecido un 85% el número de desempleados. La tasa de paro se sitúa ya en el 17,36% de la población activa. España duplica la tasa media de la Unión Europea y encabeza, por supuesto, la Champions League del desempleo. Asimismo, hay un millón de hogares donde ninguno de sus miembros tiene trabajo.

Sin renunciar al mantenimiento de la protección social, Zapatero puede —y debe— adoptar soluciones para frenar la epidemia del paro. En primer lugar, puede ofrecer incentivos a los empresarios para que generen puestos de trabajo. Hay que tener en cuenta que este sector emplea al 80% de los trabajadores en España. Esa medida sería beneficiosa para los desempleados y aliviaría el déficit público, que lastra —no lo olvidemos— la recuperación económica de nuestro país.

En segundo lugar, es indispensable que Zapatero se desprenda de su mentalidad banderiza y busque sin descanso un acuerdo que integre al Gobierno, la oposición, la patronal y los sindicatos. De nada sirve rechazar por sistema las propuestas del PP y apelar a un diálogo social que lleva varias semanas bloqueado. Urge la firma de un pacto de Estado por el empleo basado en un diagnóstico certero de la coyuntura actual, y en la confianza de que España puede acabar con la epidemia del paro y asentar un modelo laboral más sostenible.

Si, por el contrario, Zapatero se obstina en la protección social como único remedio contra el desempleo, la epidemia afectará dentro de unos meses a cinco millones de españoles y lo que te rondaré morena.