El comunicado de prensa afirma que el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, viajó a La Habana para apoyar la fructífera negociación que la Iglesia católica ha emprendido desde hace dos meses con el régimen cubano. En cambio, las malas lenguas —que siempre son abundantes— dicen que Moratinos pretendía más bien capitalizar la excarcelación de 52 presos políticos con vistas a derogar la Política Común que la Unión Europea mantiene con la dictadura castrista.
Uno oye hablar a Moratinos de la Política Común sobre Cuba y se imagina un bloqueo implacable contra la isla, que obstaculiza su transición a la democracia o que ahoga a sus habitantes en la ciénaga de la miseria. Sin embargo, la Política Común sobre Cuba es una iniciativa que la UE aprobó por unanimidad en 1996 y que intenta promover la democratización del país, el respeto de los derechos humanos y el mejoramiento de la calidad de vida de la población cubana. Punto final.
Después de la trágica muerte de Orlando Zapata Tamayo, los hermanos Castro han aflojado su puño de hierro —es cierto— gracias a la intervención de la diplomacia vaticana. El disidente Ariel Sigler ha sido excarcelado, 18 prisioneros de conciencia han sido trasladados a cárceles más próximas a sus hogares y ahora 52 opositores van a ser liberados... a condición de que encuentren asilo en el extranjero. Pero aún queda un centenar de presos políticos entre rejas, los derechos fundamentales siguen aplastados y la democracia no acaba de desembarcar en la isla.
En este contexto, ¿tiene algún sentido eliminar la Política Común sobre Cuba? El Gobierno de Zapatero, siempre indulgente con los Castro, desearía sustituirla por un acuerdo bilateral en no se sabe qué términos; pero algunos países de la UE no están por la labor, y resulta imprescindible el acuerdo unánime de los Veintisiete para lograr el cambio. Quizá por esa razón el presidente obvió toda referencia a Cuba en el balance sobre la presidencia española de la UE que presentó el martes en el Parlamento de Estrasburgo.
España posee una ineludible responsabilidad moral sobre Cuba por los íntimos lazos históricos y culturales que unen a ambas naciones. Por eso, en vez de bailar el agua a los hermanos Castro y tratar de suavizar la política europea hacia la isla, el Gobierno español, que presume de europeísta, debería repasar el preámbulo del Tratado de Lisboa, concretamente ese párrafo en el que se recuerda "la herencia cultural, religiosa y humanista de Europa, a partir de la cual se han desarrollado los valores universales de los derechos inviolables e inalienables de la persona, así como la libertad, la democracia, la igualdad y el Estado de Derecho". Porque ésa es la esencia de Europa y ése debe ser el marco que delimite las relaciones diplomáticas con la dictadura caribeña.



