Categoría: Opinión
23 Marzo 2009
Cuando se enteró de que debajo de su casa iban a establecer un pub, empezó a preocuparse. Imaginó que la calle apartada y tranquila donde vivía de pronto se transformaría en una de las zonas más concurridas de la ciudad. Previó que algunos clientes borrachos ensuciarían el portal con sus vomitonas. Supuso que el pub atraería la prostitución, la delincuencia y el trapicheo de drogas al barrio. Pensó en todo eso, en todo menos en el ruido.
El día en que inauguraron el local, cinco altavoces gigantescos estuvieron escupiendo una música machacona y atronadora desde las nueve de la mañana hasta las tres de la madrugada de forma ininterrumpida. Esa música machacona y atronadora percutía la estructura del edificio y estremecía las paredes y el techo de las viviendas. Nuestro vecino confiaba en que ese nivel de ruido fuera algo excepcional, debido a la fiesta de inauguración, y que en adelante se amortiguara el estrépito. Sin embargo, durante toda la semana, los infatigables altavoces continuaron escupiendo música machacona y atronadora desde las nueve de la mañana hasta las tres de la madrugada sin piedad.
Nuestro vecino, de natural afable, comenzó a soliviantarse. Una noche, incapaz de conciliar el sueño, bajó al pub en pijama y expuso a voz en grito su problema al gerente. Éste le pidió disculpas en la medida en que el desarrollo de las actividades del local pudiera perturbar la habitabilidad de su vivienda; pero le aseguró que contaba con los permisos administrativos en regla y le sugirió que se tomase una copa para relajarse. "Esto no se va a quedar así", amenazó nuestro vecino.
Los técnicos municipales midieron el estruendo que soportaba diariamente en su domicilio —muy por encima del nivel permitido por las ordenanzas locales— y enviaron un requerimiento de silencio al encargado del pub. El gerente, ensordecido por la música machacona y atronadora, desoyó la petición. Así que nuestro vecino presentó una denuncia en la que solicitaba la clausura del establecimiento. Pero el Ayuntamiento rechazó la petición por considerarla desproporcionada.
Los altavoces seguían escupiendo música machacona y atronadora con el beneplácito de la autoridad competente, y nuestro vecino empezó a enloquecer. La música machacona y atronadora había invadido su cerebro, y no dejaba de escucharla, en la calle, en el trabajo, en el gimnasio, en el coche, como un eco que se repitiera sin fin. Y lo peor sucedía cuando estaba en casa: al eco que resonaba en su cerebro, se sumaba la música machacona y atronadora procedente del pub. La sinfonía horrísona que se formaba entonces en su cabeza le aturdía y desquiciaba.
Así que una noche de verano, preso de la desesperación, nuestro vecino salió al balcón de su casa, se subió a la barandilla y se arrojó al vacío, con la esperanza de que en el más allá reinase un silencio sepulcral.
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Ruidos
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16 Marzo 2009
¿Mide usted un metro sesenta y dos? ¿Tiene los ojos marrones? Y ¿el pelo cano y fosco? ¿Se siente acomplejado por sus orejas de soplillo o por su barbilla puntiaguda? ¿Es usted esmirriado? O ¿los michelines han colonizado su cuerpo? ¿Tiene las nalgas flácidas? Y ¿durezas en los pies? No se preocupe, amigo. Estos rasgos físicos, que han agraviado al ser humano desde que el mundo es mundo, pronto se convertirán en signos de belleza.
La clínica Fertility Institutes [enlace a una página en inglés] de Los Ángeles anunció hace unas pocas semanas que permitiría a los padres escoger el color de los ojos o del pelo de sus hijos. El procedimiento es muy sencillo. Hay que seguir un tratamiento de fecundación in vitro. Cuando los embriones cuentan con ocho células, se les efectúa una biopsia para analizar su material genético. Y una vez detectado el embrión con los ojos o la cabellera más bonitos, se implanta en el útero materno.
La Fertility Institutes suscitó de inmediato un rechazo unánime. La opinión pública, que celebra o condena la selección embrionaria según en qué casos, se mostró esta vez en contra de la técnica propuesta; y el centro, "en respuesta a las reacciones recibidas", se vio obligado a abandonarla [enlace a una página en inglés].
Vaticino, sin embargo, que las prácticas eugenésicas se generalizarán más pronto que tarde; y no sólo se regulará el color de los ojos o del pelo de las criaturas, sino que se determinará la mayoría de los rasgos físicos. Asistiremos entonces a la irrupción de individuos revestidos de la máxima perfección corporal. Nacerán bebés rubios, de ojos azules, altos y rollizos, que transitarán por la juventud sin conocer el acné, que se transformarán en adultos atléticos, redimidos de alopecia y celulitis, y que llegarán a la vejez desprovistos de arrugas.
En una sociedad compuesta en su mayoría por Barbies y Kens prefabricados, ¿quedará espacio para la belleza? Nada más lejos de ésta que la perfección artificial diseñada in vitro. La belleza anidará en los defectos físicos de aquellas personas que hayan sido concebidas de manera natural.
La belleza, según el DRAE, es la "propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual". La inmarcesible perfección corporal resulta extraña a la declinante condición humana. Por tanto, los maniquíes de laboratorio que empezarán a invadir el planeta dentro de poco tiempo no serán dignos de amor. En cambio, los defectos físicos ponen de manifiesto la fragilidad del hombre, llamado —como todos los seres vivos— a la muerte, y nos recuerdan que el progresivo deterioro corporal corre paralelo a su realización personal. En los defectos físicos, pervivirá la auténtica naturaleza humana y hallaremos, pues, ese deleite espiritual que implica la belleza.
Así que, amigo, no se preocupe por sus patas de gallo o por sus verruguitas en la espalda porque, en la futura sociedad eugenésica, sus imperfecciones físicas se tornarán bellas.
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9 Marzo 2009
El funcionario de Tráfico es cachazudo por naturaleza. Llega a la oficina a las ocho de la mañana y dedica una hora a leer la prensa en Internet. Después, abre el correo electrónico, descarga estúpidos powerpoints y se los reenvía a sus amigos. En esto llega el receso de las once. El funcionario de Tráfico sale a desayunar y aprovecha de paso para acudir al dentista o para mirar escaparates. Hacia las doce y media, suele estar de regreso en la oficina. Despacha al público, atiende alguna llamada telefónica, detrae a los conductores imprudentes los puntos correspondientes. Y a las tres de la tarde, da por concluida su extensa —que no intensa— jornada laboral.
El funcionario de Tráfico es remolón por naturaleza. No le gusta hacer exámenes, ni teóricos ni prácticos. Por eso, convoca uno a la semana como mucho y procura evitar que caiga en Navidad, en Semana Santa, en agosto, en los puentes, en las semanas blancas, en los días de guardar y en el veranillo de San Miguel.
Hace unas semanas saltó la noticia de que una surcoreana de 68 años que se había presentado por primera vez a la prueba teórica en abril de 2005 acumulaba ya 771 suspensos, a pesar de lo cual no tiraba la toalla. Pues bien: si esa perseverante mujer fuera española, probablemente recibiría antes la extremaunción que el carné de conducir. Como el funcionario de Tráfico es reacio a los exámenes, habría tardado ¡al menos treinta años! en presentarse 771 veces a la prueba teórica en España.
El funcionario de Tráfico es irresponsable por naturaleza. Una vez que fija una fecha para el examen, no encuentra inconveniente en fijar una nueva si aquélla le viene mal. Bien porque tiene que volver al dentista, o bien porque la nueva temporada ha llegado a los escaparates, pospone la prueba para el día siguiente y sanseacabó. El funcionario de Tráfico supone que los ciudadanos están a su entera disposición. Ignora que se puede perder un empleo o suspender una oposición si el examen se celebra mañana, y no hoy. El funcionario de Tráfico olvida que trabaja para los ciudadanos y se pasa las normas de urbanidad por la mediana.
El funcionario de Tráfico es arbitrario por naturaleza. Aprobar el examen teórico está en manos del alumno: de las horas que haya estudiado y de los tests que haya resuelto. Ahora bien, pasar la prueba práctica depende del estado de ánimo del funcionario de Tráfico. Si el dentista le acaba de sacar una muela, objetará que has pisado una línea invisible y te suspenderá. Si la ropa de la nueva temporada expuesta en los escaparates no le gusta, alegará que te has saltado un semáforo en un ámbar tirando a rojizo y te suspenderá. Si ha atendido muchas llamadas telefónicas en la oficina, te reprochará que conduces muy despacio y te suspenderá. Y si está de mal humor, te suspenderá porque sí.
Puesto que el funcionario de Tráfico tiende a la ociosidad y desempeña su trabajo de forma irresponsable y arbitraria, propongo un expediente de regulación de empleo en la DGT para que pueda desarrollar su holgazanería a tiempo completo.
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2 Marzo 2009
Los ciudadanos gallegos han otorgado la mayoría absoluta al Partido Popular de Alberto Núñez Feijoo. Este resultado supone una bofetada para Emilio Pérez Touriño y Anxo Quintana, que han realizado una brillante y eficaz gestión al frente de la Xunta en estos últimos cuatro años. No concibo por qué los gallegos han vuelto la espalda al bipartito. Quizá no hayan logrado aprehender el sentido más profundo de sus acciones de gobierno.
Touriño ha sido uno de los pocos políticos del mundo que han sabido plantar cara a la crisis económica. Escuchó decir una vez al presidente Zapatero que, contra la crisis, había que consumir, consumir y consumir. Y se lo tomó al pie de la letra: "Socialistas de Galicia, consumamos con el dinero de todos los gallegos". Para empezar, se agenció un Audi A8 blindado por valor de 480 000 euros, que ríete tú del Papamóvil. Y ya puesto a dinamizar la economía, siempre en aras del interés de Galicia, reestructuró y redecoró la sede de la Consejería de Presidencia. Vaya, unas pequeñas obras que costaron dos millones y pico de euros. El despacho de Touriño se amuebló con artículos de una exclusiva firma catalana. ¡Qué mesas de nogal! ¡Vaya sillas de diseño! ¡Menuda estantería más grande! Digno de verse, de verdad. Pero lo que quedó más impresionante fue la Sala del Consejo, donde los consejeros se reúnen para regir los destinos de Galicia. Touriño compró una mesa elíptica de 26 000 euros y 19 sillas modelo Oxford de 2300 euros cada una. Pero no queda ahí la cosa: instaló, además, una cristalera que se hace opaca con un mando a distancia. Imagínate cómo sería la cristalera, que costó 170 000 euros. Conste que, para un socialista, es muy duro rodearse de tales lujos; pero el objetivo de estimular la economía compensaba el sacrificio. Lástima que los gallegos no lo hayan visto así.
Si Touriño ha destacado por su plan anticrisis, Quintana ha brillado como el artífice de la normalización lingüística. Después de tantos siglos de dominación imperial, llegó la hora del desquite, y el amigo Anxo se afanó en potenciar la enseñanza en gallego, que para eso es la lengua propia de Galicia, caramba. Transformó las guarderías de la comunidad en academias de gallego, y estableció que en los colegios la mitad de las asignaturas (las más importantes) se impartieran en gallego (y las marías, en castellano). Anxo albergaba el deseo de que la generación actual de niños gallegos promoviera un nuevo Rexurdimento cultural. Lástima que la sociedad gallega no esté preparada todavía para ese cambio.
En fin, regresa a la Xunta el PP de la austeridad y del bilingüismo, quiero decir, el PP de la parálisis económica y de la dominación imperial. Así lo han querido los gallegos. Ya se sabe que cada pueblo tiene el gobierno que se merece.
Más información:
Elecciones al Parlamento de Galicia 2009 [en gallego]
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27 Febrero 2009
Los ciudadanos vascos están llamados a las urnas este domingo para elegir el nuevo Parlamento de Vitoria. Las encuestas que se han publicado en las últimas semanas vaticinan que el bloque constitucionalista tiene posibilidades de alcanzar por vez primera la mayoría absoluta. Se vislumbra un cambio de signo político, y le toca encabezarlo a Patxi López.
El PNV lleva gobernando el País Vasco desde 1980, y en tres décadas se ha mostrado ineficaz para resolver el principal problema que afecta a la sociedad vasca: el terrorismo de ETA. A pesar de dirigir la Policía Autónoma, a pesar de controlar la educación, a pesar de dominar la televisión pública, el PNV no ha conseguido derrotar a ETA e implantar un régimen de auténtica libertad en el País Vasco.
Su candidato electoral, Juan José Ibarretxe, está políticamente amortizado. Llegó al Gobierno vasco con un perfil más bien técnico; pero se ha significado como el adalid de la autodeterminación. Elaboró un plan que reconocía la soberanía del País Vasco, y planteó la convocatoria de una consulta sobre el derecho a decidir de los vascos. Pues bien: el plan independentista fue tumbado en el Congreso de los Diputados, y la consulta popular fue declarada inconstitucional. Rechazadas sus principales iniciativas, un político honrado debería abandonar el poder. Ibarretxe no sabe lo que es la honradez y aspira a lendakari por cuarta vez consecutiva. Los sombríos pronósticos electorales le han obligado a aparcar su terco discurso soberanista. Por eso, el adalid de la autodeterminación se ha camuflado en la campaña... como un buen gestor económico. ¡Qué cinismo!
Por su parte, el PSE se ha erigido en una firme alternativa de gobierno al PNV. Patxi López ha logrado sintonizar con el centro sociológico de la sociedad vasca, quizá porque se ha movido con una actitud calculadamente ambigua entre el constitucionalismo y el nacionalismo. Pero los ciudadanos reclaman ahora un cambio de signo político, y López tiene que definirse claramente en ese sentido.
Un pacto de gobierno entre socialistas y peneuvistas —ya fuera con López o con Ibarretxe como lendakari— truncaría esas expectativas de cambio. Sería más de lo mismo. De hecho: la fórmula mixta PSE-PNV se ensayó entre 1986 y 1998 y se reveló fallida puesto que no sirvió para acabar con ETA. Antes bien, el PNV terminó acercándose a los postulados de la izquierda aberzale.
El cambio pasa por la unión del bloque constitucionalista y la formación de un gobierno socialista, en coalición con el PP, o bien con el apoyo del grupo parlamentario popular. Un gobierno que respete la Constitución de 1978, que favorezca la convivencia entre todos los vascos, que se afane en resolver los problemas que de verdad preocupan a los ciudadanos y que ponga más énfasis en la lucha antiterrorista que en la identidad política del País Vasco. En definitiva: lo que Ibarretxe y sus predecesores no han hecho en treinta años de gobierno.
Más información:
Elecciones Parlamento Vasco 2009
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2 Agosto 2008
Más de cuatrocientos millones de personas hablan español en todo el mundo. Resulta indudable en una lengua tan extendida geográficamente la existencia de diferencias regionales en cuanto a la pronunciación, el vocabulario, la sintaxis y la morfología. Así las cosas, se plantea la necesidad de establecer un vehículo de comunicación entre los hispanohablantes que trascienda las variedades diatópicas.
La estandarización del español consiste en la creación de un modelo lingüístico homogéneo, exento de dialectalismos, comprensible por un virtual público panhispánico. Este modelo se conoce como español estándar, español ejemplar, español internacional o español neutral.
El fenómeno de la estandarización trae consigo una serie de consecuencias. En primer lugar, facilita la comunicación entre los hispanohablantes de diferente procedencia geográfica. Asimismo, contribuye a unificar el idioma, puesto que el español ejemplar representa el punto de convergencia entre las múltiples normas cultas existentes. En contrapartida, sacrifica la expresividad de la lengua: el español neutral carece de matices locales, resulta descolorido.
Las empresas informativas tienen la misión de transmitir mensajes con la máxima eficacia al mayor número de personas posible. Así pues, los medios de comunicación internacionales deben prescindir de los dialectalismos para facilitar la comprensión de todo el público, con independencia de su origen geográfico. Sin embargo, creo que no es conveniente un grado absoluto de estandarización, porque atenta contra dos características básicas del estilo informativo: la claridad y la concisión.
En las distintas regiones del ámbito hispánico, un mismo concepto puede recibir varios nombres. La mayoría de los hispanohablantes están familiarizados con uno de ellos y desconocen los demás. Por ejemplo: un español se baña en la piscina; en cambio, un mejicano nada en la alberca y un argentino, en la pileta. Un español tropieza con el bordillo de la acera, mientras que un argentino se topa con el cordón de la vereda. Un español se rasura con una cuchilla, así como un colombiano se afeita con un rastrillo. Pues bien, ¿con qué criterio se puede optar por uno de estos nombres si todos son igualmente válidos?
A veces será posible hallar un sinónimo común a todos los hispanohablantes. Pero, en otras ocasiones, estandarizar la lengua equivaldrá a imponer como norma una palabra cuyo significado ignora la mayor parte del público. No olvidemos que los lectores o los oyentes de un medio buscan obtener información con facilidad y rapidez. Por tanto, los periodistas, en lugar de colocar obstáculos léxicos o sintácticos en sus mensajes, deben emplear un estilo claro y accesible a toda la audiencia.
Alberto Gómez Font, consciente de este problema, admite: "Quizá lo mejor sea [...] olvidarnos de encontrar una palabra común y aceptar que lo mejor muchas veces es recurrir a una perífrasis". Sin embargo, el lenguaje periodístico se caracteriza por la concisión. Así lo afirma Álex Grijelmo en su libro El estilo del periodista:
El informador debe huir de aquellos giros en que se usan varias palabras para decir algo que cabe en una sola.
En suma, los medios de comunicación internacionales deben estandarizar el idioma siempre y cuando respeten los principios de la claridad y la concisión.
Por lo que respecta a los medios locales, no tiene sentido que estandaricen la lengua, dado que todos sus destinatarios comparten la misma variedad diatópica. Los medios locales difunden información con la máxima eficacia cuando aprovechan los recursos que les ofrecen los dialectos.
Más información:
El español estándar y sus variedades en los medios de comunicación
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6 Junio 2008
Las bitácoras tienen la característica de que permiten difundir contenidos, sin ningún filtro, con un alcance potencialmente universal. De ahí que se hayan convertido en una herramienta de sumo interés para los periodistas en ciernes como yo.
Hace pocos años, los estudiantes de Periodismo suspiraban por que un editor les dejara publicar cuatro líneas en un periódico o una revista. En la actualidad, ya no tenemos ese problema: podemos crear una bitácora y propagar todos los contenidos que deseemos, sin mediación alguna, por Internet.
Mantener una bitácora está al alcance de toda persona que sepa leer y escribir. Usted, querido lector, también puede hacerlo. Como consecuencia, se están multiplicando el número de voces que participan en la Red (voces no siempre cualificadas) y la cantidad de información acumulada (información no siempre fidedigna).
Sería un error pensar que, dado que cualquiera puede hacer comunicación pública vía Internet, ha llegado el ocaso del periodismo. Nada más lejos de la realidad. Precisamente porque Internet ha devenido en un inabarcable batiburrillo de información, hoy resulta más necesaria que nunca la figura del periodista que establezca pautas de selección, valoración y calidad a los contenidos presentes en la Red.
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