(Napoleón Bonaparte)
No es equivocado hablar de China como "el gigante asiático". Es el Estado más poblado del mundo, con 1300 millones de habitantes, y el cuarto más extenso. Es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, forma parte del G-7 y pertenece al reducido club de país que poseen armas nucleares. Además, lleva creciendo desde hace tres decenios a un ritmo del 10% anual. Así, la economía china se ha convertido en la segunda más grande, detrás de la estadounidense. Todo parece indicar que el gigante asiático está despertando y que pronto desempeñará un papel preeminente en la escena internacional.
Ahora bien: China no es una democracia, sino un sistema totalitario comunista. Tras la II Guerra Mundial, los enfrentamientos entre el Gobierno nacionalista del Kuomintang y el Partido Comunista (PCCh) derivaron en una guerra civil. Ante la debilidad de las tropas del Kuomintang, el ejército encabezado por Mao Zedong logró conquistar la China continental. Así, el 1 de octubre de 1949, fue proclamada la República Popular.
El Partido Comunista
China no es una democracia pues, en primer lugar, las leyes vigentes en ella no emanan de la voluntad popular libremente expresada. Al contrario: es el PCCh el que interpreta la voluntad popular y configura las leyes en consecuencia.
El PCCh, fundado en 1921, cuenta con cerca de 70 millones de afiliados, cifra que lo convierte en la organización política más numerosa del planeta. Para incorporarse a sus filas, hay que contar con el apoyo de algún miembro y pasar un año de pruebas.
El órgano supremo del PCCh es el Congreso Nacional, que reúne cada cinco años a unos 2000 delegados. Se encarga de concretar el programa del quinquenio siguiente, así como de elegir al Comité Central del partido. Este Comité Central está integrado por dos centenares de personas y designa, a su vez, a los órganos permanentes del PCCh.
La Secretaría General y el Buró Político son los órganos permanentes más destacados. La Secretaría General, máximo cargo del partido, recae en Hu Jintao. Asimismo, el Buró Político constituye el órgano de toma de decisiones del PCCh y está formado por 24 miembros. Nueve de ellos componen el Comité Permanente del Buró Político. Son la flor y nata del partido y actúan a modo de un gabinete ministerial. El presidente es, por supuesto, el secretario general de los comunistas chinos.
El PCCh no es el único partido político del llamado Imperio del Centro. Existen ocho más: el Comité Revolucionario del Kuomintang de China, la Liga Democrática de China, la Asociación de la Construcción Democrática de China, la Asociación para la Promoción de la Democracia de China, el Partido Democrático Campesino y Obrero de China, el Zhigondang de China, la Sociedad Jiusan, y la Liga para la Democracia y la Autonomía de Taiwán. Estas organizaciones son —qué duda cabe— un cero a la izquierda al lado del PCCh. Aceptan la autoridad de éste y cumplen una función más bien simbólica.
La Constitución
La República Popular China ha conocido cuatro Constituciones. La vigente data de 1982. Se inspira en buena medida en la de 1954 y se aparta de la orientación maoísta e izquierdista de las de 1975 y 1978.
El artículo 1 define el sistema político como
un Estado socialista bajo la dictadura democrática popular, dirigido por la clase obrera y basado en la alianza obrero-campesina.
El artículo 2 dispone lo siguiente:
Todo el poder en la República Popular China pertenece al pueblo. Los órganos por medio de los cuales el pueblo ejerce el poder estatal son la Asamblea Popular Nacional y las asambleas populares locales de los diversos niveles. El pueblo administra los asuntos del Estado, las actividades económicas y culturales, y los asuntos sociales por diversas vías y en distintas formas conforme a las estipulaciones de la ley.
Allí donde pone "pueblo", léase Partido Comunista Chino.
La Carta Magna consagra un amplio catálogo de derechos, similar al de las democracias occidentales. Incluye la libertad de expresión, de prensa, de reunión, de asociación y de manifestación, el sufragio universal (activo y pasivo), la inviolabilidad del domicilio y de la correspondencia, la igualdad de sexos, etc. Sin embargo, a diferencia de las democracias occidentales, este reconocimiento no pasa de ser meramente formal.
El texto constitucional ha sido reformado en cuatro ocasiones. Vamos a explicar las últimas enmiendas, introducidas en 2004. Por un lado, se consagró la inviolabilidad de la propiedad privada. Los comunistas chinos abjuraban, así, de uno de sus dogmas para ofrecer mayor protección legal a las empresas instaladas en el gigante asiático.
Por otro lado, se incluyó una referencia expresa a los derechos humanos. Todo un detalle por el régimen de Pekín. Pero basta con leer el Informe 2007 de Amnistía Internacional para darse cuenta de que esa referencia es papel mojado. En China, el pasado año,
un número cada vez mayor de profesionales de la abogacía y de periodistas fueron hostigados, detenidos y encarcelados. Miles de personas que practicaban su fe al margen de las iglesias que contaban con autorización oficial sufrieron hostigamiento, y muchas de ellas fueron detenidas y encarceladas. Miles de personas fueron condenadas a muerte o ejecutadas. Se negaban los derechos básicos a las personas migrantes que procedían de zonas rurales. Continuó la dura represión contra los uigures de la Región Autónoma Uigur del Sin-kiang, y las libertades de expresión y religión siguieron sometidas a severas restricciones en [el] Tíbet y entre las personas tibetanas que vivían en otras zonas.
China no es una democracia porque, en segundo lugar, vulnera los derechos fundamentales de toda persona.
Instituciones políticas chinas
Las principales instituciones políticas en el Imperio del Centro son la Asamblea Popular Nacional, la presidencia de la República, el Consejo de Estado, la Comisión Militar Central, el Tribunal Popular Supremo y la Fiscalía Popular Suprema.
La Asamblea Popular Nacional (APN) es el órgano supremo del poder estatal. Se compone de unos 3000 diputados, elegidos a través de una serie de elecciones indirectas en las que participan las provincias, las regiones autónomas, las municipalidades bajo el control directo del poder central, así como el Ejército. La Cámara se renueva cada quinquenio y celebra una reunión anual. Mientras no está reunida, actúa su Comité Permanente, integrado por unos 130 miembros que son designados por la propia APN.
Ésta ejerce el poder legislativo. En efecto: elabora y modifica las principales leyes. Puede reformar la Constitución, a iniciativa de un quinto de sus diputados o del Comité Permanente. Otra de sus competencias es nombrar y destituir a los prebostes del país. Asimismo, se ocupa de aprobar los presupuestos del Estado, declarar la guerra y firmar la paz.
Por su parte, el Comité Permanente de la APN elabora y reforma las leyes que no corresponden a la propia Cámara. Interpreta la Constitución y las leyes. Además, supervisa la labor de las otras instituciones políticas y ratifica los acuerdos internacionales.
Hu Jintao es el presidente de la República Popular China y, como tal, ostenta la jefatura del Estado. El presidente es elegido por la APN para un lustro y no puede ocupar la poltrona más de dos mandatos consecutivos. Una curiosidad: para desempeñar este cargo, hay que tener al menos 45 años.
El presidente promulga las leyes. Nombra y retira, con el acuerdo de la APN, a los integrantes del Consejo de Estado. También designa y separa a los representantes de China en el extranjero. Otra de sus funciones es otorgar condecoraciones y títulos honoríficos. En verdad, el cargo de presidente es sobre todo ceremonial porque el poder ejecutivo reside en el Consejo de Estado.
Este órgano está formado por unas 60 personas. La APN elige al presidente del Consejo a propuesta del presidente de la República, así como al resto de sus miembros (vicepresidentes, ministros, presidentes de las comisiones, auditor general y secretario general) a propuesta del presidente del Consejo. Se renueva cada cinco años, y sus componentes no pueden permanecer en sus cargos más de dos mandatos consecutivos.
El Consejo de Estado ejecuta las leyes aprobadas por la APN y su Comité Permanente. Posee también iniciativa legislativa. Además, se encarga de la política presupuestaria, los asuntos exteriores y la defensa nacional.
A continuación, vamos a explicar la Comisión Militar Central. La APN designa a su presidente, y nombra a sus demás miembros a propuesta de aquél. La Comisión se renueva también cada quinquenio; pero no existe un límite de mandatos para sus integrantes.
¿Cuál es su competencia? Dirigir las fuerzas armadas chinas, esto es, la Policía Armada del Pueblo Chino, la Milicia Popular y, especialmente, el Ejército Popular de Liberación (que, con dos millones y medio de soldados, es el ejército más numeroso del mundo). Ahora bien: la Comisión Militar Central del Estado está controlada por la Comisión Militar Central del PCCh. De hecho: la presidencia de la Comisión recae en Hu Jintao, secretario general de los comunistas chinos.
El Tribunal Popular Supremo es el más alto órgano judicial. Su presidente es nombrado por la APN para cinco años, y su mandato no puede exceder de un par de periodos consecutivos. El resto de sus integrantes son designados por el Comité Permanente de la APN. El Tribunal Supremo supervisa la labor de los tribunales populares locales y especiales.
Asimismo, la Fiscalía Popular Suprema tiene encomendada la defensa de la legalidad. Por tanto, dirige el trabajo de las fiscalías populares locales y especiales. Sus componentes son elegidos del mismo modo que los miembros del Tribunal Supremo.
Le propongo unas preguntas para evaluar su conocimiento sobre el sistema político chino. ¿Quién nombra al presidente de la República? Sí, la APN. ¿Quién elige a los miembros del Consejo de Estado? En efecto, la APN. Y ¿a los de la Comisión Militar Central? Correcto: la APN. ¿Quién designa a los integrantes del Tribunal Supremo? La APN y su Comité Permanente. Última pregunta: ¿quién elige a los componentes de la Fiscalía Suprema? Ídem de ídem.
La APN extiende sus tentáculos por todas las instituciones políticas chinas. Pero no es sino un instrumento al servicio del PCCh, ya que el 70% de los diputados de la Cámara pertenecen a él. De esa manera, el PCCh se erige en el dueño absoluto del aparato estatal del gigante asiático.
En definitiva: no existe división de poderes, la sociedad civil está sojuzgada y los medios de comunicación, amordazados. China no es una democracia porque, en tercer lugar, carece de mecanismos que controlen la acción de sus dirigentes.
Pekín 2008
El ocho es el número de la suerte para los chinos. Por eso, los Juegos Olímpicos de Pekín se inauguran hoy, ocho del ocho del dos mil ocho, a las ocho y ocho de la tarde (hora local). Los dirigentes chinos conciben este acontecimiento como el escaparate de China ante el extranjero. Quieren mostrar su creciente importancia en la escena internacional y los avances que ha experimentado el país en los tres últimos decenios.
No es de extrañar, pues, que el régimen comunista reaccione con dureza ante cualquier evento que pueda empañar el éxito de las Olimpiadas. Así sucedió tras el estallido de violencia en el Tíbet el pasado mes de marzo. Una turbamulta enfurecida protagonizó en Lhasa los peores disturbios desde 1989. Según el Gobierno tibetano en el exilio, la represión ejercida por el Ejército Popular de Liberación se saldó con 203 muertos y miles de detenidos.
El Imperio del Centro se ha transformado en una gran potencia económica y quizá dentro de diez años tome la delantera a Estados Unidos. En el ámbito político, sin embargo, quedan muchas cosas por hacer todavía. Pekín tiene que respetar la voluntad del pueblo chino libremente expresada. También es necesario proteger los derechos humanos. Por último, no por ello menos importante, hay que arbitrar mecanismos de control sobre el poder. El día en que esto suceda, China será también una gran potencia democrática.




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