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27 Febrero 2009

El cambio necesario

Los ciudadanos vascos están llamados a las urnas este domingo para elegir el nuevo Parlamento de Vitoria. Las encuestas que se han publicado en las últimas semanas vaticinan que el bloque constitucionalista tiene posibilidades de alcanzar por vez primera la mayoría absoluta. Se vislumbra un cambio de signo político, y le toca encabezarlo a Patxi López.

El PNV lleva gobernando el País Vasco desde 1980, y en tres décadas se ha mostrado ineficaz para resolver el principal problema que afecta a la sociedad vasca: el terrorismo de ETA. A pesar de dirigir la Policía Autónoma, a pesar de controlar la educación, a pesar de dominar la televisión pública, el PNV no ha conseguido derrotar a ETA e implantar un régimen de auténtica libertad en el País Vasco.

Su candidato electoral, Juan José Ibarretxe, está políticamente amortizado. Llegó al Gobierno vasco con un perfil más bien técnico; pero se ha significado como el adalid de la autodeterminación. Elaboró un plan que reconocía la soberanía del País Vasco, y planteó la convocatoria de una consulta sobre el derecho a decidir de los vascos. Pues bien: el plan independentista fue tumbado en el Congreso de los Diputados, y la consulta popular fue declarada inconstitucional. Rechazadas sus principales iniciativas, un político honrado debería abandonar el poder. Ibarretxe no sabe lo que es la honradez y aspira a lendakari por cuarta vez consecutiva. Los sombríos pronósticos electorales le han obligado a aparcar su terco discurso soberanista. Por eso, el adalid de la autodeterminación se ha camuflado en la campaña... como un buen gestor económico. ¡Qué cinismo!

Por su parte, el PSE se ha erigido en una firme alternativa de gobierno al PNV. Patxi López ha logrado sintonizar con el centro sociológico de la sociedad vasca, quizá porque se ha movido con una actitud calculadamente ambigua entre el constitucionalismo y el nacionalismo. Pero los ciudadanos reclaman ahora un cambio de signo político, y López tiene que definirse claramente en ese sentido.

Un pacto de gobierno entre socialistas y peneuvistas —ya fuera con López o con Ibarretxe como lendakari— truncaría esas expectativas de cambio. Sería más de lo mismo. De hecho: la fórmula mixta PSE-PNV se ensayó entre 1986 y 1998 y se reveló fallida puesto que no sirvió para acabar con ETA. Antes bien, el PNV terminó acercándose a los postulados de la izquierda aberzale.

El cambio pasa por la unión del bloque constitucionalista y la formación de un gobierno socialista, en coalición con el PP, o bien con el apoyo del grupo parlamentario popular. Un gobierno que respete la Constitución de 1978, que favorezca la convivencia entre todos los vascos, que se afane en resolver los problemas que de verdad preocupan a los ciudadanos y que ponga más énfasis en la lucha antiterrorista que en la identidad política del País Vasco. En definitiva: lo que Ibarretxe y sus predecesores no han hecho en treinta años de gobierno.

Más información:

Elecciones Parlamento Vasco 2009

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