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La Coctelera

Periodista en ciernes

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11 Mayo 2009

Chiste sin gracia

Esto es un grupo de militares yanquis, otro de franchutes y otro de españoles que se plantan en las costas de Somalia para combatir la piratería que se ha enseñoreado de aquellos mares.

Van los soldados yanquis y se enteran de que los piratas somalíes han asaltado un portacontenedores norteamericano y que han tomado como rehén al capitán. "No podemos tolerar un acto de piratería contra nuestro país", piensan los yanquis. Así que cogen un destructor y se acercan al buque ocupado por los bucaneros. Observan sus movimientos y, al cabo de cinco días, cuando uno de ellos está encañonando al rehén, se los cargan y liberan al capitán. El comandante en jefe de los Estados Unidos, Barack Obama, se declara "orgulloso" de la operación y advierte: "Vamos a detener el aumento de la piratería en esa región y, para ello, vamos a seguir trabajando con nuestros aliados".

Van los soldados franchutes y descubren que los piratas somalíes han secuestrado un velero de bandera gala en el que viajan dos parejas y un niño de tres años. Rápidamente se ponen en contacto con los malhechores y les proponen un acuerdo que éstos rechazan. "Ah, ¿que no queréis acuerdo? Pues si no es por las buenas, será por las malas". Seis días después del secuestro, los franchutes intervienen para rescatar a las cinco personas retenidas. En la operación, desgraciadamente fallece uno de los rehenes. Mueren también dos corsarios, y los otros tres son detenidos. El jefe de las Fuerzas Armadas francesas, Nicolas Sarkozy, sostiene la determinación de Francia "de no ceder al chantaje y de hacer fracasar la piratería". Y el ministro de Defensa, Hervé Morin, destaca la necesidad de que los tres filibusteros sean juzgados en Francia.

Van los soldados españoles y apresan, como es de ley, a siete piratas somalíes que han atacado un buque de bandera panameña y a otros tantos que han intentado abordar un barco maltés. El juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu, a instancias de la Fiscalía, ordena su ingreso en prisión provisional. Pero al día siguiente, va la Fiscalía y repara en un reciente canje de notas entre la Unión Europea y Kenia. Así pues, solicita la entrega de los corsarios a este país africano. Entonces va el juez y decide que no, que hay que dejar en libertad a los malhechores, a pesar del "absolutamente probable riesgo de fuga", pues ponerlos a disposición de Kenia vulneraría sus derechos y garantías constitucionales.

No tiene gracia el chiste, ¿verdad? Pues imagínese la gracia que les hace a los militares españoles arriesgar su vida en las aguas de Somalia para que luego la justicia suelte, por un quítame allá esas pajas, a los piratas que están poniendo en jaque la navegación internacional.

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