El PP tiene que hacer equilibrios cada vez que se plantea el espinoso tema del aborto. Ello se debe a la existencia de dos tendencias dispares en el seno del partido: una de cariz democristiano, que no muestra reparos en alinearse con la Iglesia católica, que condena sin paliativos el aborto y que vincula la actual recesión económica a una crisis moral en Occidente; y otra más centrista, que evita identificarse con la jerarquía eclesiástica y que aborda la cuestión del aborto con una mayor cautela para no escorarse a la derecha.

La discrepancia entre las dos almas del partido afloró hace unos días. Jaime Mayor Oreja, representante del ala democristiana y candidato al Parlamento Europeo, suscribió unas declaraciones de monseñor Cañizares en las que afirmaba que el aborto es peor que la pederastia. "En el Código Penal, lo primero es la muerte de un ser humano, y lo segundo son otras cosas. Todo es repugnante; pero la relación es la que es", se justificaba Mayor Oreja. Por su parte, la dirección del PP evitó poner en relación aborto y pederastia. Así, Mariano Rajoy eludió la polémica y su número dos, María Dolores de Cospedal, se limitó a decir que el abuso de menores es "uno de los peores crímenes que se puede cometer contra una persona".

El partido se ha pronunciado a favor del mantenimiento de la ley del aborto vigente, que —según los populares— protege el derecho a la vida (consagrado en el artículo 15 de la Constitución) con algunas excepciones admitidas por el Tribunal Constitucional. Pero ¿por qué apoya ahora el PP una ley a la que se opuso en 1983? ¿No vulnera el principio del humanismo cristiano recogido en los estatutos de la organización? ¿Es partidario Mayor Oreja de recortar o abolir la ley actual? ¿Por qué no promovió una reforma legal durante los cinco años en que ocupó una cartera ministerial? Y ¿qué opina Mariano Rajoy al respecto: el aborto es una aberración que supone la muerte de un ser humano —como señala Mayor Oreja— o una práctica tolerable que se debe despenalizar en algunos supuestos? No hay respuestas para estas preguntas. La postura de los conservadores adolece de inconsistencia y suscita numerosas dudas.

El PP es la fuerza hegemónica del centro derecha en España, representa a más de diez millones de votantes y debe contar con un punto de vista claro y sólido en torno al aborto. Frente a las ocurrencias de la ministra Aído, que niega la condición humana a los fetos de trece semanas y que, en el colmo de la frivolidad, equipara el aborto con "ponerse tetas", el PP no debería encontrar dificultades para ejercer una oposición firme al proyecto de ley promovido por el Ministerio de Igualdad. El problema es que carece de un discurso único y coherente; y así, sus palabras no aportan nada al controvertido debate sobre el aborto.